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miércoles, 20 de mayo de 2015

Flota.

Vino y gritaba salvarme
como si todos los movimientos fuesen suyos.
Nadie podría haber dicho lo contrario. Todas mis sonrisas salieron a flote
y las suyas, que fueron de hielo,
me derritieron.
Vino,
y cada amanecer
resaca de besos y oídos regalados.
Y cada tarde paseos y bancos
y bailes de miradas .
Cómo no emprender una cruzada hacia nuestra isla si siempre la vida la he visto azul.
Ya no viene.
Pero cada noche recuerdo los días en los que hundir la flota era un juego y me tocaba.
Ya no viene. Ni se va.
Hemos perdido.

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